Install Steam
sign in
|
language
简体中文 (Simplified Chinese)
繁體中文 (Traditional Chinese)
日本語 (Japanese)
한국어 (Korean)
ไทย (Thai)
Български (Bulgarian)
Čeština (Czech)
Dansk (Danish)
Deutsch (German)
Español - España (Spanish - Spain)
Español - Latinoamérica (Spanish - Latin America)
Ελληνικά (Greek)
Français (French)
Italiano (Italian)
Bahasa Indonesia (Indonesian)
Magyar (Hungarian)
Nederlands (Dutch)
Norsk (Norwegian)
Polski (Polish)
Português (Portuguese - Portugal)
Português - Brasil (Portuguese - Brazil)
Română (Romanian)
Русский (Russian)
Suomi (Finnish)
Svenska (Swedish)
Türkçe (Turkish)
Tiếng Việt (Vietnamese)
Українська (Ukrainian)
Report a translation problem

Argentina



Ganó.
El bot pidió disculpas y se eliminó solo.
Pero más allá del caos, del sarcasmo y del olor a teclado recalentado, hay algo en él… una vibra ancestral, una energía primitiva que dice: “no tengo idea de lo que hago, pero lo haré igual”. Y eso, eso es liderazgo.
Así que hoy, ante este público imaginario y mi teclado que llora migas de pan, levanto mi taza (vacía, como mis expectativas) y brindo por ti.
Por tu sabiduría confusa, tu humor que da miedo y tu capacidad inhumana de hacerme sentir incómodo y agradecido al mismo tiempo.
Pacifist, te dedico este discurso porque no sé cómo agradecerte sin sonar emocional, y ya estoy al borde del colapso mental chorriando semen en la pantalla pensando solamente en ti...
Si alguna vez desapareces, juro que te buscaré… no por cariño, sino porque me debes unas mamadotas bien ricotas rraaaah.
Gracias por existir banco de semen andante <3
Amigos, hoy no vengo a pedir perdón, ni a dar explicaciones. Vengo a dar las gracias.
Gracias a Pacifist, el hombre, el mito, el error de simulación más hermoso que ha tocado esta dimensión.
No sé cómo explicarlo sin que me internan en un hospital con paredes acolchadas, pero este individuo cambió mi vida.
Fue él quien me enseñó la importancia de perder el tiempo con elegancia. Que procrastinar no es flojera, sino una forma superior de meditación.
Y cuando el mundo ardía, y yo lloraba porque se me cayó el Wi-Fi a mitad de una partida, él me dijo:
“Bro, los verdaderos ganadores son los que no juegan.”
Y ahí entendí. No supe qué entendí, pero sentí que entendía algo, y eso es lo que cuenta.
Pacifist me mostró que la vida es como un microondas: gira, gira, gira, y al final suena un ding y estás igual de vacío pero más caliente.
Y eso, amigos míos, es poesía existencial.